Recientemente se publicó en un medio periodístico una nota bajo el encabezado “Impulsarían Colosio y Martha acciones ambientales”. En estos momentos nos encontramos en medio de una vorágine de promesas políticas que inundan el panorama electoral, sin embargo, tras el velo de sus compromisos ambientales, se esconde una realidad que pone en entredicho su verdadero compromiso del alcalde con licencia y candidato por Movimiento Ciudadano al Senado, Luis Donaldo Colosio Riojas, con la ecología.
Colosio Riojas, junto con su compañera de fórmula, Martha Herrera, han hecho alarde de sus supuestos planes para priorizar la transparencia y promover medidas en favor del medio ambiente, los cuales, a ser honestos, suenan atractivos y sensatos. Sin embargo, sus acciones pasadas hacen dudar de la honestidad de sus palabras, al grado que no sabemos si hay honestidad en la propuesta o simplemente es un gancho para que la gente a la que sí le importa el asunto ambiental vote por ellos dos.
Y es que bajo el título de «transparencia» y «cuidado del medio ambiente», Colosio y Herrera están prometiendo algo que los regiomontanos desean al por mayor, considerando los altos niveles de contaminación que registra la ciudad desde hace unos cuantos años a la fecha: una utopía de reducción de emisiones, el fomento de vehículos eléctricos y la transición a energías limpias. Pero, ¿qué credibilidad pueden tener estas promesas cuando en el pasado, como alcalde de Monterrey, Colosio fue cómplice de la tala indiscriminada de árboles en las plazas públicas de la ciudad?
La Plaza del Chorro, una vez un oasis verde en medio del concreto urbano, ahora yace desolada, víctima de la negligencia de aquellos que deberían proteger nuestro entorno. La imagen de este lugar, antes lleno de vida y sombra, ahora es un triste recordatorio del desdén hacia nuestro patrimonio natural.
El caso más notorio es el de la Alameda Mariano Escobedo, que evidenció Patricio Zambrano en un video en vivo hace un año, en el cual mostró como la administración municipal de Colosio Riojas taló 38 árboles vivos. Durante dicha transmisión, se apersonó Brenda Sánchez Castro, que entonces era la titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Sostenible y hoy es candidata a diputada local por Movimiento Ciudadano. La intención de Sánchez fue desestimar la información que en ese momento Zambrano estaba compartiendo, alegando que se trataba de una “poda formativa”, cuando la tala era evidente.
Pero la problemática no se detiene aquí. En un estado donde solo el 2.46% del territorio está designado como áreas naturales protegidas, y donde los esfuerzos de reforestación apenas rascan la superficie de lo necesario, las acciones del gobierno de Nuevo León bajo la administración del también emecista Samuel García dejan mucho que desear.
Promesas de plantar 200 mil árboles al año se desvanecen en la realidad de apenas 10 mil sembrados, una fracción ínfima de lo prometido. Y mientras tanto, la tala de árboles en nombre del progreso y el desarrollo sigue su curso, dejando a su paso desolación y desequilibrio ecológico.
Las excusas de «poda formativa» o «remoción de árboles secos» se desmoronan frente a la evidencia de una política que antepone el lucro y el crecimiento desmedido sobre la preservación del medio ambiente. Ejemplo de ello es lo sucedido hace un par de años con el bosque del río Santa Catarina, el cual se planeaba desmontar bajo la excusa de que pudiese causar desbordes durante la temporada de monzón (mientras la localidad lleva años de sequía). Cuando los grupos ecologistas se opusieron a dicho desmonte, pues al gobierno emecista no le quedó más remedio que ocasionar incendios en dicho bosque. Según lo que se comentó en el momento, la razón del empecinamiento de Samuel García por desmontar dicho bosque fue porque ya había comprometido todo ese espacio de terreno para crear áreas recreativas concesionadas a la iniciativa privada.
Y en este escenario, Luis Donaldo Colosio fue actor principal, como el alcalde de la ciudad que hace comparsa con Samuel García, y sale más beneficiado de las arbitrarias distribuciones de las participaciones a los municipios que hizo el gobierno del estado. Hoy, hace ver que lo que está haciendo son sólo promesas vacías, mientras que su historial ambiental y politico deja mucho que desear.
La hipocresía detrás de la promesa de impulsar acciones ambientales de Colosio y Herrera es un recordatorio amargo de la necesidad de mirar más allá de las palabras bonitas y los discursos políticos. El medio ambiente no puede ser moneda de cambio en una campaña electoral, y aquellos que verdaderamente se preocupan por su preservación deben ser juzgados por sus acciones, no por sus promesas vacías. En este sentido, la figura de Colosio no inspira confianza, sino más bien es un símbolo de la desconexión entre la retórica política y la realidad ambiental que enfrentamos.


